Esta obra se encontraba originalmente en la ciudad de Tatti, en el oratorio de Santa Maria de la Gracia. Fue adquirida por el estado en 1970 y fue restaurada en 1980.
Estilo: la Virgen está retratada de medio cuerpo sobre un fondo dorado que le da una cierta aura mística de sabor bizantino. A derecha se observa un profeta con un papiro, mientras que en los dos tondos en alto se encuentran pintados San Lucas y un ángel. María tiene un manto azul con la típica estrella. La obra ejemplifica bien el estado del arte sienés a fines del siglo XIV.
La obra debe su nombre a Luigi Pisa, que la trajo a la Galería en 1933. Se ha atribuido al Maestro Della Sant’Agata, un pintor de la escuela florentina del duecento.
Estilo: la Virgen con el Niño está pintada sobre un fondo obscuro, originalmente recubierto de plata. Se trata de un ícono de Madonna Hodeghetria, que en griego significa “que indica el camino”, ya que con la mano apunta hacia su hijo: María simbolizaba la Iglesia, que señalaba el camino a los fieles hacia Jesús y la Salvación. El niño es tenido en brazos y vestido como filósofo antiguo: no en vano tiene un pergamino en una mano y bendice con la otra a la madre (y por lo tanto a la Iglesia).
Particularmente interesante resulta la planta de uno de los pies del Niño. Los dedos de María son extremadamente largos, sobre todo en la mano que sostiene al Niño. El manto azul tiene representadas dos estrellas, símbolo de la gracia divina. Como es típico de la época, la mirada de los protagonistas de desvían del espectador. Un motivo simple de flores estilizadas decora el borde inferior.
Estilo: la Virgen con el Niño está pintada sobre un fondo obscuro, originalmente recubierto de plata. Se trata de un ícono de Madonna Hodeghetria, que en griego significa “que indica el camino”, ya que con la mano apunta hacia su hijo: María simbolizaba la Iglesia, que señalaba el camino a los fieles hacia Jesús y la Salvación. El niño es tenido en brazos y vestido como filósofo antiguo: no en vano tiene un pergamino en una mano y bendice con la otra a la madre (y por lo tanto a la Iglesia).
Particularmente interesante resulta la planta de uno de los pies del Niño. Los dedos de María son extremadamente largos, sobre todo en la mano que sostiene al Niño. El manto azul tiene representadas dos estrellas, símbolo de la gracia divina. Como es típico de la época, la mirada de los protagonistas de desvían del espectador. Un motivo simple de flores estilizadas decora el borde inferior.
Dittico della Crocifissione e della Madonna col Bambino e santi (1255) – Berlinghieri Bonaventura
lunes, 18 de febrero de 2013
Arte Gótico,
Crucifijo,
Pintura,
Uffizi
Los dos paneles eran seguramente un díptico, como lo demuestran los anillos aún visibles que actuaban como bisagra para mantener unidas las partes. La obra proviene del destruido convento monacal de Santa Clara de los Capuchinos, en Lucca, donde se encontraba hasta 1818, para arribar finalmente a los Uffizi en 1948. Es probable que el convento fuera el destino original de la obra, por la presencia de Santa Clara de Asís, canonizada en 1255, a la izquierda de la Virgen. Estilo: La crucifixión está representada con la cruz en Y, inspirada en modelos nórdicos, lo que aumenta el dramatismo y la sensación de peso y dolor de Jesús, que se presenta como Cristo Patiens (sufriente), de líneas largas y el cuerpo ladeado a izquierda.
Dos ángeles recogen su sangre, y a los lados las figuras están a escala reducida, sin una precisa colocación espacial con respecto a la cruz: a la derecha se dispone el grupo de las Mujeres Piadosas y la Virgen que se desmaya, y a la derecha aparece María hablando con San Juan. Debajo se observan dos escenas de la pasión en escala aún menor: el Via Crucis y la Deposición de la Cruz, de gran expresividad en el cuerpo arqueado de Cristo.
El panel de la Virgen con el Niño representa a los mismos rodeados de Santos yuxtapuestos en los lados y abajo. Es muy interesante notar el dulce abrazo que los lleva a tocarse con el rostro, con un sentido de familiaridad que parece anticipar Cimabue: Este es el ícono Bizantino llamado "Eleusa Virgen", que significa "madre amorosa". Jesús, como es típico en la pintura del siglo XIII, se retrata como un pequeño filósofo en toga antigua y un pergamino en mano. Con la otra mano derecha hace un gesto de bendecir a la Madre, símbolo de toda la Iglesia.
El díptico se conserva en los Uffizi.


