Esta obra está realizada en tempera sobre tabla, y proviene de la iglesia de Santa María Magdalena de Pazzi, en Florencia, y fue encargada en 1493 para la capilla de la familia Boni en dicha iglesia. Poco tiempo después, entre el 1513 y 1524, la tabla fue depositada en la capilla de San Girolamo, ocasión en que San Esteban fue “repintado” con la semblanza de San Girolamo, según se dice, por Fra Bartolomeo. Tal pintura fue removida por una restauración del siglo XIX. La obra se encontró durante siglos atribuida a Sebastiano Minardi, pero la crítica moderna cree ver la mano del gran maestro Ghirlandaio en la misma.

San Esteban entre San Jacobo y San Pedro

Descripción y estilo: la obra está compuesta como un tríptico ideal, siguiendo un esquema iconográfico del primer Quattrocento florentino (usado por Fra Angélico), en el que detrás de cada santo se encuentra un nicho que lo encuadra, como si fuese una estatua viviente que emerge de la penumbra. La reposada composición se encuentra vitalizada por la riqueza decorativa, tanto en la arquitectura como en las vestimentas. De izquierda a derecha se ve a Jacobo con el bastón del peregrino, Esteban con la dalmática, y San Pedro, con las llaves.

Se trata de una pintura de tempera sobre tabla de 180 x 78 cm, atribuida a un “Maestro di Greve”, fechada como de la primera mitad del siglo XIII, entre el 1210 y 1215.
La obra debe su nombre al oratorio de Santa Maria del Casal cerca de Greve, en Chianti, donde se encontraba antes de alojarse en los Uffizi. Sin embargo, se especula que la tabla fue pintada originalmente para una iglesia de mayor importancia, probablemente la misma abadía de Montescalari. En el siglo XVIII la tabla fue repintada, al punto que los rostros estaban totalmente cambiados. En 1986 fue restaurada, redescubriéndose la superficie pictórica originaria increíblemente intacta, con la excepción de algunas partes del rostro del Niño y de la escena al pie del trono.
Estilo: la Virgen y el niño se encuentran representados sobre un fondo obscuro, originariamente cubierto de plata, con relieves (como en la aureola de María), y una serie de espárragos que decoraban los bordes. La virgen se encuentra inclinando su cabeza y su aureola excede los límites de la tabla rectangular, como era típico en las obras de esta época. La Virgen se representa en un trono completamente plano, con un asiento y un cojín rojo, azul y oro. Existe una mayor profundidad en los pliegues del manto de la Virgen, que sugiere la presencia de las rodillas. Toda la obra posee la rigidez heredada de la iconografía bizantina, con el Niño bendicente.
En el manto de la Virgen se representan tres estrellas, símbolos antiquísimos de la gracia divina y recuerdo de la estrella de Belén.
En la parte inferior se encuentra la escena de la Anunciación, con el ángel que se proyecta hacia María.



Se trata de la pintura más antigua de los Uffizi, realizada con témpera sobre una tabla de 302 x 231 cm, obra de un maestro toscano anónimo, fechada en el último cuarto del siglo XII.
El crucifijo fue repintado en el siglo XVIII, y se desconoce cual era su ubicación antes de ser depositado en el museo en 1886. Fue restaurado y, dentro de lo posible, vuelto a su forma original en el año 1960.
Estilo: la obra es un ejemplo de crucifijo del tipo Christus triumphans, un ícono bizantino muy repetido durante la edad media, en el que se representa a Jesús aún vivo en la cruz, como vencedor de la muerte. Esta iconografía de la crucifixión fue reemplazada lentamente hacia el siglo XIII, cuando se difundió la iconografía del Christus patiens, en la que Jesús se representa como sufriente.
La tabla se encuentra en un estado de conservación bueno, a pesar de alguna pérdida de color en la parte inferior y en las tablas laterales. Cristo se encuentra representado en la cruz de una manera abstracta, como si no tuviera peso ni volumen, con una anatomía simplificada, y con la mirada fija y frontal (aunque sus ojos se desvían lateralmente evitando el contacto directo con el espectador) como en los íconos bizantinos. En la parte superior se encuentra una inscripción, a la izquierda de la mano de Jesús, la Virgen y San Juan, y a la derecha las mujeres pías (solo una es visible). En las tablas laterales se suceden las historias de la pasión (el lavado de los pies, el beso de Judas, la flagelación, el descendimiento de la cruz, la deposición en el sepulcro) y de la redención, representadas con una insólita expresividad y vivacidad narrativa.
El autor demuestra una clara influencia de la iconografía bizantina y el arte oriental, por lo que se ha dado la hipótesis de que se trata de un autor Pisano, debido a la influencia del comercio en dicha ciudad, aunque otros expertos hablan de un “anónimo florentino”.

La obra, de la que se ignora la procedencia, constituye el ejemplo más antiguo en Italia de retablo rectangular, con una cúspide en la parte central y las figuras alineadas, representadas debajo de arcadas.
Estilo: el retablo busca simular una arcada con columnatas y arcos en los que se representan cuatro santos y, en el centro, el Redentor, más alto y con una vistosa aureola en relieve adornada con figuras que simulan piedras preciosas, repitiendo el motivo del libro que sostiene Jesús en la mano. A la derecha se reconoce a San Pedro (con las llaves), la Virgen María, San Juan Evangelista (con el típico aspecto juvenil, casi afeminado), y San Pablo (con la espada). Las inscripciones ayudan a reconocer las figuras.
Las figuras aparecen debajo de la arcada, pero yuxtapuestas a la misma como figuras recortadas y pegadas en un fondo, sin ningún intento de sombra o perspectiva, muy lejos de la novedad que estaría por introducir Cimabue en la pintura.



Es notable la decoración en oro, tanto en las aureolas como en los motivos vegetales y las inscripciones. Asimismo prestar atención en esta pintura las arrugas en los rostros (sobre todo en la frente de los personajes) y el rubor en las mejillas, en un intento de grafismo y expresividad.

Esta tabla fue repintada a fines del siglo XVIII o principios del XIX. Fue restaurada a su forma original en una restauración de 1935, encontrando incluso una pintura agregada en el siglo XIV sobre la cabeza del santo. Fue atribuido al Maestro Della Maddalena, autor de otra tabla que hoy se encuentra en la Accademia.
La forma alta y estrecha de la tabla, que se encuentra coronada por una cúspide, corresponde al último decenio del siglo XIII. San Lucas es representado de cuerpo entero con su Evangelio debajo del brazo y con la mano derecha bendicente, vestido a la antigua con una manta de pliegues rítmicos y esquemáticos que corresponden a la alta calidad de la obra. Son dignos de notar algunos detalles como la barba suave, dividida en mechones, o las orejas, que están dibujadas de frente. Al pie del santo están representados un frate y una monja, se trata de las figuras de los comitentes, que hacen pensar que la obra fue originariamente destinada a un monasterio franciscano.

Esta pintura compone una serie de tres obras en témpera y oro del artista, fechadas en 1380, de las cuales esta se encuentra en los Uffizi, y las restantes en museos de Londres y New York.
La tabla se encuentra inspirada en la obra de los maestros sieneses del trecento, sobretodo en Simone Martini y Ambrogio Lorenzetti, con marcadas similitudes con la “Presentación de Jesús en el Templo” en el mismo museo, con análogas disposiciones espaciales y la parte alta del edificio, y el festón sostenido por estatuas en la corona del edificio. La escena se encuentra ambientada en un pabellón octogonal sobre el que se alzan altísimas columnas, con arcos que sostienen un techo que culmina en una linterna. Intuitivamente el espacio se encuentra en escorzo, sin un conocimiento real de las reglas de la perspectiva, dando al conjunto un efecto mágico e irreal.
La pequeña María se encuentra delante del sacerdote, pero con la mirada parece querer volver junto a sus padres Ana y Joaquín, que se encuentran junto a la entrada. Otros personajes del pueblo rodean la arquitectura.

Esta tabla pintada en témpera por Ambrogio Lorenzetti data de 1332. Se encontraba en la iglesia de San Procolo en Firenze, donde fue vista por Lorenzo Ghiberti, que la citó en sus Comentarios. Cuando la iglesia fue derribada, en 1742, la obra fue desmembrada. Los paneles laterales llegaron a los Uffizi en 1914, mientras que la “Virgen con el Niño” del centro permaneció en el mercado anticuario, llegando finalmente al museo en 1959.
La obra muestra en el centro a la Virgen con el Niño, a la izquierda San Nicolás, y a la derecha San Procolo. En las cúspides se encuentran San Juan Evangelista, Cristo Redentor, y San Juan Bautista.
Es notable la atención prestada a los detalles, sobretodo en el riquísimo vestido de los personajes. Las posturas son aún rígidas en contraposición con las que pintaba Giotto en la misma época. Pero la característica sobresaliente de la obra es la humanidad de la Virgen y el Niño lograda por Lorenzetti: Jesús mira directamente a la madre con los ojos sorprendidos y la boca semiabierta, generando la impresión bastante lograda de un recién nacido. La madre, que aparece elegante como una noble mujer de la época, devuelve la mirada al hijo y le ofrece una mano para jugar.
Es curiosa la presencia de un trozo de coral rojo en el cuello del Niño: se trata de un antiquísimo talismán para los recién nacidos, que en el caso de la iconografía de Jesús tiene un significado relacionado a la sangre de la pasión.

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